Mona Chollet es ensayista y periodista para el Monde Diplomatique. Su trabajo se enfoca en la condición de la mujer, el femenismo, los medios y el imaginario contemporeano. Escribio Belleza Fatal: la tirania del look o los nuevos rostros de una alienacion femenina (2020)1 y Chez soi : une odyssée de l’espace domestique (2015)2.

Objecto de numerosos fantasmos, la bruja es una figura ambiguosa. Encarna, nos dice Mona Chollet, a veces “la mujer liberada de todad dominaciones”, a veces “ la peor de las marcas de infamia”. Desde Blanca Nieve hasta Buffy, castavampiros, pasando por Embrujadas (ESP) / Hechiceras (Hipanoamérica) o Harry Potter, el imaginario de la bruja alimenta la cultura popular. Sin emabrgo, nos estariamos equivocando al ver una simple creatura de folklor: este mito, creado mayoritarmente a lo largo del siglo XV, llevo a unas diez mille inocientes a morir en una hoguera. Piensa que se trata de historia antigua?

Pues justamente no. Mona Chollet nos recuerda que la bruja sigue estando aqui, produndamente presnete en nuestras representaciones colectivas; Esta figura arquetipal es al origen de una concepcion muy masculina del femenino: la bruja, es lo que la mujer no debe ser. Soltera of viuda, se sujete al control del hombre; sin hijes es contra la naturaleza. Pero se puede reconocer tambien por sus arrugas y su cabello blanco; la vejez, para una mujer, es sinonimo de verguenza y suspicion. Y si, por su sabidura y sus conocimientos, osa extenderse en el terreno de los hombres entonces, de nuevo, es una bruja. Finalmente, la bruja es esta “cabeza femenina  que rebasa” que osa dar prueba de una “confianza intolerable” y que asusta a los hombres.

Folclorizada, banalizadas, las historias de cazas de brujas evocan el oscurantismo medieval de otro tiempo. Sin embargo, es olvidar que la bruja es “una víctima de los Modernos y no de los Ancianos”, que es el producto del Renacimiento y de la época moderna, del advenimiento de una ciencia “racional” y de un “modelo de conocimiento hipermasculinizado”. Porque la explotación “científica’ y gestionaría de la naturaleza ha ido de la mano con el sometimiento de las mujeres. Y en muchos sentidos, esta herencia se inscribe en el ADN de nuestras sociedades contemporáneas.

Pero la bruja es también una figura subversiva, disruptiva. Encarna la mujer poderosa: rebelde, indomable, sabía, “es un ideal hacia el que tender, ella muestra el camino”. Similarmente a varios movimientos feministas desde el fin de los años 1960, Mona Chollet pide la rehabilitación de la bruja, su institución como icono feminista. El libro empieza justo en un extracto de manifiesto de WITCH (el movimiento Women’s International Terrorist Conspiracy from Hell, nacido en los EE.UU en 1968).

“No es necesario afiliarse a WITCH. Si eres una mujer y osas asomarte a tu propio interior, ya eres una bruja.”

No obstante, si el mito de la bruja tiene un lugar importante la obra de Mona Chollet, quizás no se trate de eso. La autora explora realmente de manera profunda,  los mandatos sociales y normativos que siempre afectan a las mujeres. Deconstruye minuciosamente la identidad femenina tal como impuesta por el patriarcado.

El mandato del don de sí, ya que todo está hecho para que las mujeres integran cuanto antes “la convicción de que su razón de vivir es servir a los demás” y se niegan toda veleidad de independencia. Educadas a “buscar la seguridad afectiva a cualquier precio”, a nunca creer en sus propias fuerzas y a “considerar la pareja y la familia como los elementos esenciales de realización personal”, las jóvenes están predispuestas para aceptar sin protestar la division sexual del trabajo. Y cuando osan pretender a la autonomía, “una máquina de guerra se pone en marcha para que la rechacen mediante chantaje, intimidación o la amenaza. Así se espera que las mujeres se retiren, se conviertan en “mujeres fundidas”, asignadas a profesiones subalternas y completamente dedicadas a la pareja y a la maternidad.

El mandato a la maternidad es el tema de la segunda parte del libro. Y aquí es quizás donde Mona Chollet golpea con más fuerza, detallando precisamente los impulsores de la “violencia institucional de la maternidad patriarcal” que, en última instancia, puede llevar a una mujer a cometer infanticidio. Abominación suprema, tiene que ser el acto de un monstruo; una explicación conveniente que elimina la necesidad de pensar en la violencia extrema que debe haber sufrido una mujer para llegar a este punto. La autora también ataca el argumento pseudocientífico del determinismo biológico, “prueba” de que las mujeres “están programadas para desear ser madres”, abordando los movimientos “provida” en el proceso. Finalmente, comenta el pesar que a veces despierta la maternidad, un verdadero tabú que describe como una “zona de no pensamiento”.

En el tercer capítulo, “La embriaguez de las cumbres”, Mona Chollet evoca esta vez la prueba de la vejez femenina, otro gran tabú social. Porque es innegable que el envejecimiento no impacta de la misma forma a mujeres y hombres. Sin embargo, como dijo Carrie Fisher (citada por Chollet), “los hombres no envejecen mejor que las mujeres, solo tienen permiso para envejecer”. Y para las mujeres, esta “prohibición” del envejecimiento no es un producto de la imaginación: se puede pensar en los salarios de las actrices que disminuyen con la edad, en las ancianas marginadas (incluso en los círculos feministas) o en las diferencias de edad dentro de las parejas. Por tanto, las mujeres se enfrentan a la amenaza de su “caducidad” y al miedo a la “obsolescencia programada”.

Al revisar numerosas revistas, series o películas, el autor muestra cuán generalizado es el mandato de mantenerse joven, incluso en los clásicos de Disney. Citando a Kristen J. Sollee, Chollet recuerda que películas como Blancanieves o La bella durmiente “escenifican una confrontación generacional entre viejas brujas y jóvenes bellezas, descansando así el valor de una mujer en su fertilidad y su juventud, nunca en la sabiduría ganada con esfuerzo”. Porque si el cuerpo femenino envejecido inspira “una verdadera repulsión”, la experiencia es igualmente descalificante. Las mujeres de edad avanzada también fueron blanco de ataques especiales durante la caza de brujas porque “exhibían una seguridad intolerable”. Sin embargo, las mentalidades han cambiado menos de lo que uno quisiera creer.

La última parte del libro vuelve a la tesis anunciada en la introducción: adoptando una lectura feminista de la historia, la autora muestra que las cacerías de brujas fueron sintomáticas de un profundo trastorno filosófico y social. Porque es en nombre del culto dedicado a la “razón” que se perseguía a las brujas (incluso más que en nombre de la religión); ésta es una razón encarnada, por ejemplo, por Descartes, quien postula que los hombres deben hacerse “dueños y poseedores de la naturaleza” (Descartes, Discurso del Método, citado por Chollet). Podría haber agregado “y de las mujeres”.

Mona Chollet explora en profundidad los vínculos entre la racionalidad, la dominación de la naturaleza y la de las mujeres. Las palabras de la filósofa ecofeminista Carolyn Merchant (citada por Chollet) son más explícitas sobre este tema.

“La bruja, símbolo de la violencia de la naturaleza, desataba tormentas, provocaba enfermedades, destruía  cultivos, impedía la generación y mataba a los niños pequeños. La mujer que causaba el desorden, como la naturaleza caótica, tenía que ser controlada.”

Las mujeres, consideradas irracionales, emocionales y caóticas, también fueron excluidas de la ciencia moderna, un campo que, en esencia, solo podía ser masculino. “Los fundadores de la ciencia moderna […] asociaron la masculinidad con una relación epistemológica más limpia, pura, objetiva y disciplinada con el mundo. »(Susan Dordo, citada por Chollet). Por tanto, no debería sorprendernos saber cómo la ciencia, y en particular la medicina, ha servido (y sigue sirviendo) para controlar los cuerpos de las mujeres, cuyos órganos además están “marcados por nombres masculinos” (Florence Montreynaud, citada por Chollet).

Mona Chollet elabora así una valoración muy crítica de la condición femenina contemporánea. A pesar de décadas de lucha y algunas victorias significativas, todavía queda un largo camino por recorrer para deconstruir los patrones heredados de los días de la caza de brujas. La observación podría, por supuesto, ser desalentadora, pero el humor, el tono mordaz y el entusiasmo de la autora son, por el contrario, estimulantes. Chollet logra poner al descubierto las contradicciones y el absurdo de un orden social que finalmente parece muy frágil. En definitiva, es un libro contundente y decididamente comprometido que proporciona claves sólidas para acabar con la alienación de las mujeres frente a los mandatos sociales. Se puede lamentar la ausencia de una pauta clara en este libro, que en ocasiones debilita las demostraciones, así como una serie de evidencias que la autora podría haber evitado. Algunas referencias y fuentes también están abiertas a la crítica, pero quedan compensadas en gran medida por el inmenso trabajo de investigación de Mona Chollet.

Translated by Solange Meurier & Iman Seepersad.

References
1 [Nota de traducción]: original en francés  Beauté Fatale : les nouveaux visages d’une aliénation féminine (2015).
2 [Nota de traducción]: Aún no publicado en castellano. Traducción propuesta por la traductora: Hogar: una odisea del ambito domestico.

Leave a reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.